JAZZMADRID 2026,
El futuro es nuestro
Fue en la primera mitad de la segunda década de este siglo XXI. Y parece que fue ayer, pero las evidencias son tozudas y se encargan de demostrarnos que, en realidad, sucedió hace tiempo; doce años ya. Basta mirar hacia atrás para percibir el vértigo. Cuando JAZZMADRID nació, Letonia acababa de ingresar en la Eurozona; un vórtice polar había desplomado las temperaturas en muchos lugares de América del Norte, y en Río de Janeiro un rayo impactó en la estatua del Cristo Redentor, provocando daños en una parte de su mano. Todas son incidencias que, afortunadamente, se superaron, como lo hizo la asunción de las buenas noticias también, porque, precisamente, en aquel año 2014, estábamos a solo tres de la proclamación por parte de la UNESCO del Día Internacional del Jazz, y esta música ya llevaba mucho tiempo demostrando que podía ser un recurso espléndido para estimular el diálogo intercultural y facilitar con ello la unidad y la paz entre los pueblos. Aquel, en fin, fue un buen momento para crear una nueva versión del antiguo festival de jazz de Madrid; una versión más abierta, menos rutinaria y capaz de integrar, sin alterar sus rasgos más genuinos, otras programaciones de la ciudad. Examinando el evento a fecha de hoy, no cabe ninguna duda de que el resultado ha superado sobradamente las previsiones más optimistas que se pudieron hacer entonces.
Entre cuantas personas gestionamos este escaparate cultural, a menudo se recuerda que se comenzó a trabajar de forma extraordinariamente humilde. Pocos conciertos, pocas fechas en el calendario, un par de escenarios únicamente. Y, al final, con el transcurso de solo algunas ediciones, las actividades crecieron y se comprobó que aquella gente que formó un equipo con el que empezar a gestionar JAZZMADRID era mucho más que algunas mesas de trabajo, unos pocos ordenadores y varios teléfonos. De hecho, el árbol fue creciendo a medida que creció su afición también. Hoy son más de seis decenas de miles de almas las que, cada año, nos visitan, y, en cada edición que comenzamos, nosotros procuramos fundar un festival nuevo. Es un detalle que ahora volvemos a emprender con idéntico empeño integrador; es decir, procurando que al desarrollo de los argumentos asomen todas las tendencias y coloraciones imaginables que en estos momentos observa el jazz; renovadoras y también tradicionales, pues solo con el concurso de todas es posible mantener activa la memoria, el reto fundamental de cualquiera de nuestras sociedades occidentales, ocupadas demasiadas veces en la ilusión del presente, aunque éste ya sea historia cuando se empieza a ser consciente del paso del tiempo. El historial común de nuestras programaciones es, probablemente, uno de los capítulos más ricos que habita nuestro recuerdo.
Jazz moderno de siempre, apegado al paisaje de Madrid
Con el otoño ya iniciado y hasta los últimos días del mes de noviembre, el jazz vuelve a quedarse en nuestra ciudad, vuelve a tomar las calles y algunos recintos con ayuda de un sugestivo muestrario jazzístico y un cartel de contenidos muy abiertos. En su mejor momento tras doce temporadas en activo, esta nueva edición de JAZZMADRID sigue observando, de partida, ese aire de trashumancia jazzística que, cada año, desde hace décadas, se produce en estas mismas fechas. Son las coincidencias providenciales con calendarios internacionales. Ejemplo más que oportuno: James Carter y Jason Miles en el Teatro Fernán Gómez. Y, con ambos conciertos, una singularidad grande: el recinto magnificador y dignificador del Fernán Gómez, será magnificado y dignificado por un par de músicos estadounidenses que, en diferentes comparecencias, tienen la intención con los grupos que dirigen de recordarnos que hace cien años vinieron al mundo, respectivamente, John Coltrane y Miles Davis. Y no son los únicos que van a recordar a estos genios: también lo hará el pianista, igualmente estadounidense, Emmet Cohen, y el acto que protagonizará resumirá la música de ambos en un único concierto.
Y decimos que los homenajes a Trane y a Davis continúan, pero tampoco van a ser los únicos que esta edición de JAZZMADRID atesore para la aparición en programa de algunos iconos de la creación jazzística. Sin ir más lejos, el cartel reserva un lugar muy especial para el contrabajista Kyle Eastwood, que, junto a su grupo, recordará las bandas sonoras de algunas películas que su padre, Clint Eastwood, ha protagonizado como actor y como director, y la música del tantas veces evocado Joe Zawinul ocupará igualmente las atenciones de los Yellowjackets a cuyo frente se situará esta vez el cantante de Chicago Kurt Elling para interpretar canciones que una vez grabó aquel maravilloso grupo que lideraban Zawinul y Wayne Shorter, Weather Report.
Pero decíamos que el recuerdo para Miles Davis y Coltrane continúa presente en el cartel de JAZZMADRID, y, en diferentes jornadas y lugares, su memoria se materializará, respectivamente, en la presentación del dúo formado por el trompetista francés Erik Truffaz y el saxofonista y cantaor gaditano Antonio Lizana, y también en el peculiar emparejamiento artístico que, para la ocasión, han formalizado el pianista Kaele Jiménez y el armonicista Antonio Serrano. Estos dos últimos nombres, junto con Antonio Lizana y Pablo Torti, que igualmente evocará la música de Miles y Coltrane, son parte igualmente del nutrido apartado de músicos españoles con el que cada año la programación ofrece respuestas a exigencias musicales preferentemente llegadas desde nuestro ámbito y siempre sustentadas sobre los estándares de rigor y calidad ya habituales en esta muestra.
El jazz que se hace entre nosotros
Así las cosas, se hace imprescindible asegurar el tiro y nombres como los de trío CMS (siglas que se corresponden con los nombres de Javier Colina, Marc Miralta y Perico Sambeat), el dúo de pianos que protagonizarán Moisés P. Sánchez y Marco Mezquida, Daniel García Diego estrenando la música de un sexteto creado exclusivamente para la ocasión con solistas internacionales, el contrabajista Pablo Martín Caminero, el grupo gallego Sumrrá, otro dueto conformado por el trompetista Raynald Colom y el pianista Diego Cortés, el saxofonista Javier Vercher y el Cosmic Trío del vibrafonista Andrés Coll (estos dos últimos cortesía de la Asociación de Intérpretes y Ejecutantes y de sus circuitos AIEnRuta-Jazz), dan la más sólida de las tranquilidades a cualquier programador presionado por lo cuantitativo.
Y, desde luego, también son cartas de una solidez incontestable las presencias en muy diferentes escenas de Madrid de Antonash, los pianistas Abe Rábade, David Sancho y Manuel Borraz, Twangero, Álvaro Torres, Mastretta, Chema Sáiz, el dúo Carmen Vela y Mario Siles, el cuarteto de Lucía Rey, el trío del violinista Raúl Márquez, Tarquín y Los Metales Preciosos, Gustavo Díaz, Vincen García, el nuevo trío de Carles Benavent, Joel Jazzy Blues Band, Julia Rodríguez, el Guitar Trio de la enorme Andrea Motis y el Albert Vila Organ Jazz Trio con Perico Sambeat como invitado, y la propuesta poética de la vocalista Zo Brinviyer. Todos son nombres que contribuyen de modo muy poco exiguo a fijar o redondear el interés de la oferta local de un certamen que, por extenso -y por muy acostumbrados que estemos a que cada vez se haga más difícil constatarlo en las programaciones de otros encuentros-, nos invitará durante varias semanas a sumergirnos en un festival de jazz.
De brillante porvenir
Es título de libro de John Dos Passos, pero es que ninguno de los artistas mencionados viene a cumplir y seguir ruta, y en JAZZMADRID nos gusta pensar que quizá su destino sea el de pasar a las crónicas de futuro próximo como propuestas reconocidas fuera de nuestras fronteras. El detalle viene a ser algo así como una caución crítica, un advertir a todo el mundo que vale la pena seguir a esta gente de cerca, que con ellos hay tema, hay partido. Ríndase, por tanto, igual pleitesía a otro puñado de propuestas locales que, dentro de la programación, estarán también presentes, por cuanto, en equivalencia con los propósitos didácticos que ya afianzaron la filosofía de sus primeras ediciones, la programación vuelve a reservar un vistoso espacio para los estudiantes de conservatorios y escuelas de música de Madrid.
Por otra parte, bueno es saber que tampoco haría falta volver a afirmar que este colectivo representa a fin de cuentas el futuro de nuestro jazz, pero es interesante recordarlo siempre. Por ello, vuelven a JAZZMADRID grandes formaciones como la big band de Arturo Soria, la Soler Jazz Band y el Creativa Grand Ensemble, las tres integradas por músicos procedentes de las aulas, respectivamente, del Conservatorio de Arturo Soria, el Centro Integrado de Música Padre Antonio Soler,de San Lorenzo de El Escorial, y la Escuela de Música Creativa. En nuestro encuentro estos intérpretes disponen de la oportunidad de mostrar, y demostrar a todo el mundo, que sus valores técnicos no son el único calibre de la medida de su talento.
Las voces de la voz
Y, en otro orden muy diferente de estilos y pendientes cada año de que Cecile McLorin Salvant se salga de la historia para entrar en la mitología de las vocalistas bajo palio, ahí tenemos de nuevo a la cantante estadounidense en el programa, esta vez para resolver un muy esperado concierto junto al pianista Sullivan Fortner. Y, con ella, con el fin de que no se sienta sola, en el cartel otro puñado de artistas que han sabido llevar a la gloria el diálogo entre la voz humana y un conjunto de instrumentos. Por ejemplo, Judith Hill, las británicas Laura Cox y Emma Jean Tackray, las estadounidenses Samara Joy y Lizz Wright, Andrea Motis y su Acoustic Guitar Trio, la magia flamenca del cantaor Duquende acompañado por Joni Jiménez, y, en loor de multitudes, repitiendo presencia desde el pasado año esta vez en el Teatro Albéniz, Leonor Watling respaldada por Leo Sidran.
Este paraíso con música con ángel que es el de la voz humana, dispensa atenciones igualmente en diferentes escenarios a Elles Bailey, Flore Benguigui & The Sensible Notes, Hoss & Sweet 1987, Infinity Song, Julia Rodríguez, Kat Eaton, MT Jones, Michael Mayo, Paloma Morphy, Tiwayo, DeRobert & The Half Truths, Saint Levant y, entre otros, un doblete de campanillas: el del guitarrista estadounidense Will Jacobs que actuará junto a la formación local del armonicista Marcos Coll. Pegar la oreja al disco por ambos grabado, One more time, ya nos pone en guardia ante un abrasador volcán sonoro para gozo del nuevo orden mundial del blues y el rhythm & blues. Música de alto octanaje y hondura con la que complementar los conciertos de D.K. Harrell, de la serbia Ana Popovic, de Tori Kelly, Benny Sings y el Organ Trio de Delvon Lamarr.
Conciertos de peculiar impacto
Todos lo son, pero, si nos detenemos en hechos fácticos, resulta que en este año 2026 se cumplen ocho exactamente del estreno en JAZZMADRID del rapsoda Saúl Williams junto al saxofonista tenor David Murray. En esta edición, el grupo de Murray tiene forma de cuarteto y, en él, no hay lugar para la voz, pero el músico ha querido regresar al festival para estrenar los prodigiosos materiales del disco Birdly Serenade. Este es uno de los conciertos que, sin duda posible, encierra mayor significado artístico. Y lo hace junto a los del dúo conformado por Rita Payés y Lucía Fumero, el Trío Acústico del guitarrista Al Di Meola, el cuarteto del pianista Kenny Barron, los grupos de Kurt Rosenwinkel, Marty Ehrlich, Shai Maestro, Chris Potter, Tomoki Sanders, Liv.e y Karriem Riggins, Takuya Kuroda, Mansur Brown, Shabaka, Ulf Wakenius Organ Trio, Duane Eubanks Quartet y Mark Guilliana, los fantásticos Alfa Mist, Camilla George y el muy venerado en nuestras escenas siempre Richard Bona, bajista y cantante camerunés.
Este último, por no proceder del ámbito geográfico habitual en los músicos de jazz, nos sirve de medido pie en la programación para volver a abrir ese espacio en el que algunos creadores pertenecientes a un modelo de jazz que gusta de vestir de libertad sonora la música popular de cualquier rincón del planeta, expresan sus más recientes inquietudes. Una ocasión única para comprobar la calidad de las evocaciones árabes que adornan el blues del Sahel que nos trae el guitarrista nigerino Omar Moctar, más conocido como Bombino, las del trompetista de origen libanés Ibrahim Maalouf, las avanzadas del pianista cubano Aruán Ortiz, y las que, desde Brasil, traen a través de muy contrastadas estéticas, O Kwarteto. Munir Hossn, Joâo Selva, Agnes Nunes o Chico Chico, nombres que tienen puesto un ojo en la música y el otro en su instalación en el negocio musical europeo.
No obstante, parece sustancial remarcar -y este momento es francamente adecuado para hacerlo- que una comercialidad o simplificación perpetrada por la música que llega de Brasil siempre está muchos codos por encima del más perfecto prét-á-porter occidental. Larga tradición tiene la música más libre en Brasil, larga y seria, con abundantes testimonios grabados que se remontan a comienzos de los años 50; o sea, mucho antes de que allí llegasen Joe Pass o Stan Getz de los Estados Unidos. No estamos, pues, ante algo simple y sí ante unos entrañables representantes de una seria tradición histórica, vengan de la música de cámara, del pop o del cancionismo. E idéntico juicio, si no fuera porque ellos vienen exactamente del jazz, merece el suplemento caribeño que llega con la fuerza de los ciclones, a través de las presencias del pianista dominicano Michel Camilo, los grupos Tromboneando y Vampiros de la Habana y de los solistas, igualmente cubanos, Alfredo Rodríguez, Roberto Fonseca, Yuley Díaz, Andrés Coayo y Paquito D’Rivera, respectivamente pianistas los tres primeros, percusionista el cuarto, y el quinto intérprete de cualquier instrumento que considere que le viene bien en cada momento, dentro, eso sí, de los de la familia de los vientos. Gente toda, en fin, que, en diferentes momentos, muchos, ya ha dejado asomar su enorme magisterio en el festival.
Música para toda clase de públicos
Toda una ciudad al servicio del jazz, gracias -ya lo ven- a una apretada batería de conciertos que destapan una verdad palmaria: ninguna otra música de entre las populares que no sea el jazz, dispone de tantas y excelentes fraternidades estéticas. Vadeando una fórmula ya ensayada en años anteriores y basada en el eclecticismo estilístico, hay una estrella para cada opción que se quiera ejercitar. Y, por encima de todas estas consideraciones, la más importante: la seguridad de que, cuando se habla de jazz, se elija a quien se elija, siempre se va a disfrutar de alguien cuyo bagaje artístico radica en hacer de la búsqueda permanente de lo inédito una regla de trabajo. Será el caso del baterista Nate Smith, de la vocalista Elles Bailey, de Skinshape y William Dorey, ambos intérpretes británicos de reggae, de los italianos Calibro 35, de los franceses Cédric Hanriot y Flore & The Sensible Notes, de las propuestas de hip-hop de Hoss and Sweet 1987 y Freedom First con Keith Lamar y Albert Marqués, del trío del pianista italiano Antonio Farao, de Myles Sanko, Isaiah Sharkey, The True Loves o de las diversas sesiones de Dj y de electro-jazz que llevarán a cabo diferentes ejecutantes de cuya identidad da cuenta el programa.
Para entonces será otoño. Ojalá que el mal tiempo no haga presencia en Madrid, incomodando la posibilidad de ir constatando cada tarde, cada noche, punto por punto, todo lo que les he contado. Solo un día dejará el jazz de reposar en los auditorios y se lanzará a la calle, al Paseo de Recoletos, en recorrido que separa el Palacio de Cibeles del teatro Fernán Gómez, estación de destino del desfile de la Barba Dixie Band. Por un día, y sin que sirva de precedente, la música estará en la calle. Y también, si me lo permiten, en el salón de actos de una biblioteca muy especial; la Biblioteca Nacional de España. El objetivo es pronunciar allí una conferencia que repasará la obra -inmensa, imprescindible- de Boris Vian, el literato de palabra deslumbrante, el ingeniero, actor, pintor, inventor, radiofonista, libretista de óperas, trompetista, cantante, compositor de canciones, autor de novelas negras rigurosamente estadounidenses con la firma de Vernon Sullivan, y alma, en fin, de un barrio, Saint-Germain-des-Prés, que, durante su reinado, fue el alma de París. Estas actividades complementarias encuentran feliz término en el concierto didáctico que, en horario de mañana, ofrece el trío de John O’Brien en el Centro Cultural San Juan Bautista de Ciudad Lineal.
Conclusiones y agradecimientos
El promedio de calidad y creatividad artística en este aniversario decimotercero de JAZZMADRID vuelve a ser elevado. Un once sobre diez. El cartel al completo, con sus diferentes secciones, dispone de enormes alicientes con los que contrapesar quizá las decepciones que muchas veces sobrevienen cuando se hacen comparaciones con las programaciones de jazz de otros lugares. Ustedes sabrán disculpar la arrogancia, pero hay una gran diferencia entre el surtido de tentaciones que ofrece cualquier otro festival de Europa y el catálogo de delicatesen que suministra Madrid a los asistentes a este encuentro. Aquí, lo comercialmente marginal tiene un enorme margen. En sus equivalentes, en cambio, prevalece muchas veces la caja fácil, la novedad de gusto blando y los consejos de las escasas disqueras multinacionales que todavía quedan activas. Anden, pues, advertidos los que pasan hambre de sorpresas, los que se acercan a un espectáculo con criterio propio o gusto fronterizo. Cada vez que llega el otoño, el empleo de la tarjeta de crédito en la taquilla de este festival adquiere suma justificación. Adelante, valientes.
Finalmente, por la elevada consideración que tienen siempre las conclusiones, reconocer que el ancho de banda de la programación es mérito del equipo que realiza JAZZMADRID es de ley. Sin embargo, la monumentalidad final del festival es virtud que a todos ustedes, que nos siguen cada año, concierne. Y, junto a ustedes, el trabajo imprescindible y enormemente valioso de nuestros preciados colaboradores. Todos han vuelto a contribuir en 2026 a hacer que el festival sea un modelo inédito no solo en Europa, también en el mundo. Aquí llegan, encadenados, sus nombres y apellidos. Y, con ellos, implícito, nuestro más hondo agradecimiento a todos. Villanos del Jazz, Festival de Jazz de Zaragoza, Biblioteca Nacional de España, Festival de Jazz de Ciudad Lineal, Ciclo Impulso, 21 Distritos, Instituto Francés, AIE, Círculo de Bellas Artes, Escuela de Música Creativa, Conservatorio de Arturo Soria, Centro Integrado de Música Padre Antonio Soler de San Lorenzo de El Escorial, Madrid En Vivo y Radio Clásica de Radio Nacional de España.
Todos, sin excepción, han contribuido a hacer de JAZZMADRID historia y leyenda real. Con todos seguiremos trabajando en el futuro para que esta muestra, entre el respeto reverencial y la devoción histórica, prosiga afianzándose como una de las referencias imprescindibles para toda esa afición que desea que estos grandes certámenes de temporada sean un muestrario de lo que se está produciendo en el panorama jazzístico del momento. El proceso, en sí, es fascinante. Y tiene su punto de maravillosa chifladura igualmente. Les confieso, por ejemplo, que nos gusta pensar que Dizzy Gillespie ilumina nuestros pasos con la campana de su instrumento apuntando hacia ese cielo en el que debe andar también Louis Armstrong tocando una trompeta cedida por el arcángel Gabriel, según propuesta del poeta Evtuchenko. Y, mientras tanto, Miles Davis y John Coltrane, en el centenario de su nacimiento, sonríen.
Luis Martín
Dirección artística JAZZMADRID
