© Geandy Pabon Conciertos oficiales Villanos del Jazz
Vuelve el saxofonista mayor de Cuba. Y siempre que viene a nuestras escenas, sus convocatorias prometen fiesta. Un músico de ideas aventureras y líricas, cuya arraigada identidad cubana no impide que doble en cuantas experiencias cosmopolitas -incluso alejadas del jazz- se le ha ocurrido acometer.
Hace un par de años estuvo en JAZZMADRID y todo apunta a que, de nuevo, tendremos en la escena una reunión plurinacional. Así las cosas, volverán a proponerse toda clase de particularidades rítmicas en los arreglos, siempre bien reflexionadas y resueltas con el fin de no desperdiciar ni un segundo de cuantas virtudes instrumentales llevamos apreciando en este músico. La clave sigue siendo procurar un asombro que no cese.
Nacido en La Habana, en 1948, Paquito es uno de los mejores ejemplos del músico que, pese a las siete décadas que ilustran su fogoso estilo en cualquiera de los vástagos de la familia del saxo –y ser, además, uno de los hijos predilectos de Dizzy Gillespie-, sigue consiguiendo que, a la hora de clasificarle, una parte de la afición se debata en una duda razonable: ¿es mejor músico de jazz, o, por el contrario, lo es como intérprete de culta música clásica? Este último pormenor lo alimenta, sobre todo, la sólida formación académica de la que disfruta y el hecho de haber estado tras los atriles, primero, de la Orquesta del Teatro Musical de la Habana y, después, de la Orquesta Cubana de Música Moderna. De esta última fue, además, fundador, junto al pianista Chucho Valdés, en 1967.
Coincide en este empeño cultista con el trompetista Wynton Marsalis y, sobre todo –como él mismo gusta de declarar- con Duke Ellington. Y también con los pianistas Uri Caine, Keith Jarrett, Chick Corea, el aludido Chucho Valdés y Michel Camilo, entre otros. Precisamente, el último fue conocido después de su participación en el grupo con el que Paquito fijó, definitivamente, en 1980, su residencia en Estados Unidos: Habana/New York Ensemble. Antes, no obstante, había grabado con músicos europeos y estadounidenses, y, sobre todo, había colaborado muy activamente en la creación de Irakere, grupo para el que compuso uno de sus mayores éxitos: una versión del mozartiano Adagio.
Sus conciertos, desde entonces, muestran todos esos itinerarios, más los que ha materializado junto a las decenas de figuras con las que ha actuado y a los grupos a los que ha dirigido. De entre los primeros, urge destacar a George Coleman, Astor Piazzolla, Tito
Puente o Chick Corea. De los segundos bastará recordar que, finalizando los 80, estuvo al frente durante varios años de la United Nations Orchestra, de Dizzy Gillespie. Ha recibido, asimismo, diferentes grammys latinos, y múltiples nominaciones a este premio; la más reciente este mismo año por el disco La fleur de Cayenne, interpretado por su grupo Madrid-New York Connection Band.
Paquito D’Rivera - Clarinete
Pepe Rivero - Piano
Sebastián Laverde - Percusión